Teorías sobre el fenómeno astrológico

Teorías sobre el fenómeno astrológico

Extracto del Astroglosario de Bruno Huber (traducción: Joan Solé)

La teoría de la influencia es una de las teorías a las que se recurre para la argumentación de la astrología. Parte de la base de que los cuerpos celestes (planetas, estrellas fijas, etc.) y los campos energéticos (zodíaco) ejercen en el mundo del ser humano una influencia hasta el momento no demostrada. O, como se pensaba en la Edad Media, que las fuerza celestes “influencian” en el devenir y el actuar del ser humano.

Muchos investigadores astrológicos (Tomaschek, Landscheidt, Gauquelin-el de la foto-, etc.) están convencidos de que esta influencia puede demostrarse con medios de ciencias naturales o estadísticos. La teoría de la influencia es la más extendida entre el público lego, puesto que es la que más de acuerdo está con la forma de pensar causal y lógica de hoy.

En el polo opuesto se encuentra la teoría de la correspondencia, que por regla general está defendida por astrólogos con orientación psicológica, mitológica o esotérica. (El más eminente representante de esta visión fue C.G. Jung- el de la foto-, con su concepto de «sincronicidad». Esta teoría comprende las correspondencias astrológicas como un paralelismo de acontecimientos que siguen la ley «como es arriba, es abajo» y no necesita ningún tipo de argumentación causal. En este caso el pensamiento no es lógico, sino analógico (basado en analogías).

Así como muchos astrólogos no se preocupan demasiado por la explicación del fenómeno astrológico, el resto de la escena astrológica está dividida en ambas posturas. No obstante, los más recientes descubrimientos de la física, en especial de la astrofísica, permiten suponer que ambas teorías no deben ser necesariamente excluyentes, sino que pueden confluir en una cosmología de orden superior. Con lo cual, la astrología sería «explicable»”…

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Teoría de las fases de la edad

Teoría de las fases de la edad

Extracto del Astroglosario de Bruno Huber (traducción: Joan Solé)

A lo largo de la historia se han desarrollado distintos modelos, tanto astrológicos como no astrológicos, que pretenden recoger las diferentes fases de la edad del ser humano. Sin embargo, hasta el momento, la psicología moderna no ha aceptado como válida ninguna de las diversas teorías existentes puesto que las propuestas han demostrado ser demasiado simplistas. De todos modos, se han ido acumulando conocimientos utilizables al respecto – por ejemplo, sobre las distintas fases de la infancia. En los últimos años también se han realizado investigaciones bien fundamentadas sobre la crisis de la mitad de la vida y, en la actualidad, hay una gran actividad en investigación sobre la edad.

Desde el punto de vista astrológico resulta muy interesante un modelo clásico (es decir, existente desde la Antigüedad) que plantea fases de distinta duración y establece una relación entre planetas y fases de la edad, siguiendo la secuencia ptolomeica, pero de forma inversa. A lo largo de los siglos han aparecido distintas variantes de este modelo, pero sólo se diferencian en lo referente a la duración de las fases individuales. A continuación se presenta la versión de Ptolomeo que es la más antigua de las conocidas:

Modelo ptolomeico de las fases de la edad

Hoy se encuentran modelos como este en todo tipo de libros astrológicos. No obstante, personalmente no he encontrado a ningún astrólogo que trabaje de forma concreta con esta teoría.

Los alumnos de Dane Rudhyar trabajan con un modelo de 7 años en el que, fundamentalmente, se realiza una determinación un tanto grosera de la fase de edad en la que se encuentra el individuo. Al trabajar con el horóscopo, el asesor tiene en cuenta la temática particular de la edad. No se realizan cálculos de tiempo ni en lo referente a casas ni en cuanto a los planetas que se encuentran en ellas.

En los últimos tres siglos ha habido modelos de fases de la edad similares basados también en el círculo del horóscopo: en 1654, en su libro Nova Methodus, el clérigo francés Pater Yves propagó un factor de progresión que recorría el círculo de las casas (sistema de Placido) en un ciclo de 60 años (5 años por casa).

Alrededor de 1930, A. Frank Glahn describió un sistema propio denominado Abrollungen en el que el Ascendente se movía de manera retrógrada por el sistema de casas (del AC a la casa 12, etc.). Este sistema emplea 100 años para dar una vuelta completa al círculo (8,333 años por casa).

Desde aproximadamente 1956, el astrólogo Wolfgang Döbereiner enseña un método similar denominado Ritmo Muniqués. Pero, en lugar de 100 años, emplea un ciclo de 84 años (7 años por casa) en el sentido de las agujas del reloj.

En 1932, C.C. Schneider publicó en una revista un artículo sobre el curso de la edad que se movía por el sistema de casas con un ciclo de 72 años (6 años por casa) girando en sentido cósmico. Con este método pretendía poder vaticinar el momento de la muerte de la persona en el horóscopo.

El modelo de 6 años de la progresión de la edad se diferencia del anterior en que, con su medida mucho más precisa del tiempo, permite comprender la forma individual de experimentar las cosas en una determinada edad y, al mismo tiempo, en las casas, tiene a su disposición un marco de referencia de las fases de la vida muy cercano a la naturaleza y de carácter general, que puede describirse de manera muy detallada para el individuo.

Temperamentos – Elementos

Temperamentos – Elementos

Extracto del Astroglosario de Bruno Huber (traducción: Joan Solé, 2004; Imágenes: Internet)

 1990-1995 API Verlag (Adliswil/Zurich)
 2004 API Ediciones España, S.L.

Tres signos del zodíaco separados 120 grados forman siempre una trinidad y están sujetos a uno de los cuatro elementos: fuego, tierra, aire y agua.

Los antiguos griegos utilizaban esta clasificación del zodíaco en el ideario astrológico. Estaban convencidos de que nuestro mundo se componía exclusivamente de estas cuatro materias originales. Esto no tiene nada que ver con la actual comprensión científica del concepto de elemento puesto que, según la visión moderna, los elementos deben compararse con los estados agregados de la materia: sólido para la tierra, líquido para el agua, gaseoso para el aire y plasma para el fuego. Así pues, el fuego no es ninguna «materia original», ni tampoco ningún estado sino un fenómeno energético. El plasma, en cambio, es una forma de estado de materia – en la que por cierto se encuentra más del 95% de la masa del universo, p.e. todas las estrellas fijas y, entre ellas, nuestro Sol.

Los cuatro estados agregados de la materia: sólido, líquido, gas, plasma

Desde Galeno (médico griego en Roma, 129-199 d.C.), los elementos también se describen como temperamentos o humores. Los humores son los cuatro jugos corporales que dirigen los acontecimientos en el cuerpo humano. A ellos corresponden cuatro tipos de temperamentos, que nos encontramos de nuevo (según C.G. Jung) como tipos de funciones en la psicología del siglo XX:

Los conceptos de temperamento se han estabilizado en el transcurso de los siglos en el lenguaje coloquial y son generalmente aceptados, sin embargo muchas veces, el significado de estas palabras no es conocido con exactitud. Así pues, no es extraño que, p.e., muchas personas no hagan ninguna diferencia entre los términos sensación y sentimiento y los utilicen de forma cambiada. Esto es debido a que, en algún momento en los orígenes de la aplicación de la medicina humoral, los conceptos de melancólico y flemático debieron confundirse. Una cuidadosa investigación de los significados que los griegos aplicaban a los elementos y que la psicología actual, según Jung, aplica a los tipos de función, en comparación con las interpretaciones de la antigua medicina humoral, confirma este estado de cosas: melancólico debe correlacionarse con agua y sentimiento, y flemático con tierra y sensación.

N.T.: Esta confusión a la que se refiere BH se pone de manifiesto en las etimologías de melancólico (del gr. melas, negro, y kholé, bilis) y flemático (del gr. phlego, inflamar). Acepciones de flema: (1) mucosidad, (2) producto acuoso obtenido de las sustancias orgánicas al ser descompuestas por el calor en el aparato destilatorio, (3) cualidad de la persona que no se inquieta ni excita aunque haya motivos para ello, imperturbabilidad, pachorra, sorna, sangre de horchata…

Los elementos están sistemáticamente ordenados en el zodíaco. Se suceden (empezando por Aries) tres veces uno detrás de otro, siempre en la misma secuencia (F+ T- Ai+ Ag-). De este modo, dentro de cada una de las tres cruces se produce la misma disposición de temperamentos: fuego y aire están siempre opuestos en uno de los brazos de la cruz y tierra y agua en el otro: en un de polaridad activa (+) y en otro pasiva (-).

El fuego, el temperamento colérico, es fundamentalmente extravertido, muy espontáneo y subjetivo. Exterioriza las cosas de una manera muy personal y comprometida, comprende de forma intuitiva y reacciona de forma extraordinariamente rápida para aprovechar las oportunidades. Por eso, el colérico encuentra placer en tomar el control rápidamente sobre la situación y organizarla según su voluntad. Pero si no puede conseguirlo (especialmente si las personas participantes no reaccionan) pronto pierde la paciencia. No sólo es impaciente sino que además (tanto si lo muestra, como si no) se ofende rápidamente si alguien no se lo toma en serio (si sus «triunfos» no se valoran suficientemente). Busca situaciones de despliegue (ostentación) de fuerzas y de transformación de energía, y tiende preferentemente al pensamiento orientado al rendimiento (correspondiente a Marte). Con el suficiente autocontrol es un «troubleshooter» (arreglador) muy capaz, que «de un vistazo» comprende qué debe abordarse y rápidamente echa una mano para poner las cosas en marcha de nuevo (mentalidad de bombero)

El agua, el temperamento melancólico, también tiene capacidad de reacción y es subjetivo, sin embargo es fundamentalmente introvertido. Está orientado a la interiorización sensorial del entorno y en sus reacciones predominantemente personales quiere sentir como está hecha la vida de su alrededor. Un fuerte deseo de pertenencia en armonía (correspondiente a Venus) condiciona su rico mundo emocional, clasificado según simpatías y antipatías. La permanente búsqueda de afecto y el frecuente sufrimiento por antipatías rigen al melancólico en una a menudo forzada intensidad en los contactos humanos, los cuales clasifica en blanco y negro según unos criterios exactos. Correspondientemente, se ve a sí mismo como el especialista en relaciones humanas y en bienestar (lo cual en verdad puede llegar a ser con la suficiente introspección y autoclarificación). Entonces es especialmente adecuado como cuidador de enfermos, como «confesor» y, en el más amplio sentido de la palabra, como cuidador de almas.

El aire, el temperamento sanguíneo, es sistemático, objetivo y extravertido. Su curiosa conciencia está permanentemente orientada hacia el entorno, el cual, con su pensamiento, intenta comprender, definir y presentar mediante una argumentación lógica o dialéctica. Su pensamiento sistemático transcurre casi exclusivamente por caminos verbales (correspondientemente a Mercurio) (lo que no puede formular en palabras, parece que no le aporte nada). Se exige objetividad a sí mismo y también se la exige a los demás. Frecuentemente los demás lo ven como muy mental (kopflastig) puesto que no disimula que está convencido de que todos los problemas pueden resolverse con un pensamiento claro. Pero el hecho de que el sanguíneo, en el calor del combate verbal, frecuentemente base sus disertaciones lógicas en argumentos teóricos verbales, puede ocasionar que sus propuestas de solución estén muy lejos de una realidad factible. Sin embargo, (con suficiente autocrítica)puede convertirse en un maestro en el ámbito de la lógica, el empleo del lenguaje y el campo de los sistemas técnicos.

La tierra, el temperamento flemático, es también sistemático y objetivo, sin embargo, orientado hacia el interior, es decir, introvertido (y, como el agua, orientado a la interiorización sensorial del entorno). En este elemento, la percepción sensorial (correspondiente a Júpiter) juega el papel principal: el flemático vive en un mundo de sensaciones, las cuales(para no caer en sentimientos debilitadores) quiere objetivizar en gran medida. Se entiende a sí mismo como un observador y un pensador cercano a la realidad. A ser posible evita las fantasías y las ilusiones, por eso se lo describe como tipo realista. Dos cosas le dan qué hacer a menudo al flemático: en primer lugar su miramiento que puede revestirse de lentitud o pereza y, en segundo lugar, su permanente lucha por la palabra adecuada, de cuya validez definitiva tiene verdadero miedo. Además, su dependencia del juicio del entorno le hacen muy propenso a la crítica. Si puede superarlo, entonces, es muy apreciado en todas las ocasiones en las que se necesite un análisis cuidadoso, debido a su juicio cauteloso, ponderado y totalmente responsable, y se le requiere mucho como «especialista en sentido común».

Temor

Temor

Extracto del Astroglosario de Bruno Huber (traducción: Joan Solé)

Temor. Temor y miedo son conceptos muy cercanos y, a menudo, intercambiables. Pero el temor es racional, es decir, es una señal de aviso ante amenazas que puedan ocasionar dolor o que, de alguna manera, amenacen la propia vida, la coarten o incluso la pongan en peligro. Esto significa que el temor es una función de señalización necesaria para sobrevivir, cuyo malfuncionamiento puede ser mortal.

El miedo, en cambio (Angst en alemán, del griego «angustus» = estrecho) – un estado afectivo de la psique, en realidad, un dolor psíquico -es temor al dolor en vez de temor al peligro. Así, la persona frecuentemente se encuentra en situaciones que en realidad no son peligrosas – es decir, que no hay ninguna razón para temerlas – y, sin embargo, tiene miedo. A las personas no nos gusta el dolor y el miedo a él nos impulsa – a menudo con un gran gasto energético – a evitarlo.

Desde el punto de vista astrológico, hay miedos inherentes a cada uno de los planetas. Es decir, cada planeta nos sensibiliza acerca de una determinada área de peligro de la vida que puede perjudicar nuestra cualidad de vida. Esta sensibilización puede formularse de la siguiente manera:

Sol – Impotencia
Luna – Soledad
Saturno – Muerte
Marte – Impotencia sexual
Venus – Fealdad
Mercurio – Estupidez
Júpiter – Tristeza
Urano – Caos
Neptuno – Falta de sentido
Plutón – Falta de metas

Frente a este miedo que, debido a su naturaleza irreal, nos impulsa a un innecesario dispendio energético, puede lucharse aprendiendo a temer de la manera adecuada. Todo lo que la naturaleza pone a disposición de las personas puede desarrollarse, cultivándolo hasta la destreza. Esto exige tres pasos:

1. Mirar al peligro cara a cara (apartar la vista no ayuda).

2. Soportar el dolor hasta que se reconozca la naturaleza del peligro.

3. Tratar la situación reconocida de forma consciente (de un modo adecuado y proporcionado) – en caso de apuro, darse a la fuga de forma razonable y oportuna (¡el pánico es miedo!).

Tablas de casas

Tablas de casas

Extracto del Astroglosario de Bruno Huber (traducción: Joan Solé)

Tabla de casas; para evitar los largos cálculos necesarios para determinar el sistema de casas de un horóscopo, desde la Edad Media existen tablas de casas, con ayuda de las cuales pueden calcularse las posiciones de las cúspides de las casas.

Estas tablas contienen datos para cada grado del zodíaco en el MC o para el avance del tiempo sideral aproximadamente cada 4 minutos. Para los valores intermedios deben realizarse interpolaciones.

Si bien los resultados no son tan exactos como los que se obtendrían de la aplicación de las adecuadas fórmulas matemáticas, normalmente son suficientes para el trabajo normal en una consulta personal. Dado que las casas representan un sistema de referencia terrestre, los valores para los grados de latitud del lugar de nacimiento deben estar disponibles. Por este motivo, la mayoría de tablas de casas se calculan para una gran cantidad de grados de latitud.

Para la determinación de las casas intermedias (2,3,5,6,8,9,11 y 12) pueden utilizarse distintos sistemas de casas. En consecuencia, al comprar unas tablas de casas, debe seleccionarse un determinado sistema. La mayoría de tablas están calculadas para latitudes norte. No obstante, realizando determinadas operaciones de conversión, también pueden emplearse para latitudes sur.

Tablas alfonsíes

Tablas alfonsíes

Extracto del Astroglosario de Bruno Huber (traducción: Joan Solé)

Tablas alfonsíes, famosas efemérides de la Edad Media (tablas de posiciones planetarias) para un período de 25 años (1248-1272).

El astrólogo judío Isaac Ibn Said realizó estos cálculos por encargo del rey español Alfonso X el Sabio. Alfonso también recibió el nombre de «Astrologicus» porque fue un gran promotor de la astrología.

También por encargo suyo se realizó una obra de enseñanzas astrológicas y astronómicas de cinco tomos: los «Libros del saber de astronomía» y muchas traducciones de textos árabes.

Las tablas alfonsíes fueron el fundamento de cálculo para posteriores efemérides hasta que, a principios del siglo XVII, Kepler hizo posible el cálculo directo de las órbitas de los planetas.

Tabla – Historia de la astrología

Tabla – Historia de la astrología

Extracto del Astroglosario de Bruno Huber (traducción: Joan Solé, 2004)

 1990-1995 API Verlag (Adliswil/Zurich)
 2004 API Ediciones España, S.L.

La tabla adjunta muestra la secuencia cronológica de los principales descubrimientos, desarrollos en diferentes culturas y personalidades involucradas en la historia de la astrología desde sus orígenes (tal como hoy los conocemos) hasta el presente.

Ver Tabla de la Historia de la Astrología