Temperamentos – Elementos

Temperamentos – Elementos

Extracto del Astroglosario de Bruno Huber (traducción: Joan Solé, 2004; Imágenes: Internet)

 1990-1995 API Verlag (Adliswil/Zurich)
 2004 API Ediciones España, S.L.

Tres signos del zodíaco separados 120 grados forman siempre una trinidad y están sujetos a uno de los cuatro elementos: fuego, tierra, aire y agua.

Los antiguos griegos utilizaban esta clasificación del zodíaco en el ideario astrológico. Estaban convencidos de que nuestro mundo se componía exclusivamente de estas cuatro materias originales. Esto no tiene nada que ver con la actual comprensión científica del concepto de elemento puesto que, según la visión moderna, los elementos deben compararse con los estados agregados de la materia: sólido para la tierra, líquido para el agua, gaseoso para el aire y plasma para el fuego. Así pues, el fuego no es ninguna «materia original», ni tampoco ningún estado sino un fenómeno energético. El plasma, en cambio, es una forma de estado de materia – en la que por cierto se encuentra más del 95% de la masa del universo, p.e. todas las estrellas fijas y, entre ellas, nuestro Sol.

Los cuatro estados agregados de la materia: sólido, líquido, gas, plasma

Desde Galeno (médico griego en Roma, 129-199 d.C.), los elementos también se describen como temperamentos o humores. Los humores son los cuatro jugos corporales que dirigen los acontecimientos en el cuerpo humano. A ellos corresponden cuatro tipos de temperamentos, que nos encontramos de nuevo (según C.G. Jung) como tipos de funciones en la psicología del siglo XX:

Los conceptos de temperamento se han estabilizado en el transcurso de los siglos en el lenguaje coloquial y son generalmente aceptados, sin embargo muchas veces, el significado de estas palabras no es conocido con exactitud. Así pues, no es extraño que, p.e., muchas personas no hagan ninguna diferencia entre los términos sensación y sentimiento y los utilicen de forma cambiada. Esto es debido a que, en algún momento en los orígenes de la aplicación de la medicina humoral, los conceptos de melancólico y flemático debieron confundirse. Una cuidadosa investigación de los significados que los griegos aplicaban a los elementos y que la psicología actual, según Jung, aplica a los tipos de función, en comparación con las interpretaciones de la antigua medicina humoral, confirma este estado de cosas: melancólico debe correlacionarse con agua y sentimiento, y flemático con tierra y sensación.

N.T.: Esta confusión a la que se refiere BH se pone de manifiesto en las etimologías de melancólico (del gr. melas, negro, y kholé, bilis) y flemático (del gr. phlego, inflamar). Acepciones de flema: (1) mucosidad, (2) producto acuoso obtenido de las sustancias orgánicas al ser descompuestas por el calor en el aparato destilatorio, (3) cualidad de la persona que no se inquieta ni excita aunque haya motivos para ello, imperturbabilidad, pachorra, sorna, sangre de horchata…

Los elementos están sistemáticamente ordenados en el zodíaco. Se suceden (empezando por Aries) tres veces uno detrás de otro, siempre en la misma secuencia (F+ T- Ai+ Ag-). De este modo, dentro de cada una de las tres cruces se produce la misma disposición de temperamentos: fuego y aire están siempre opuestos en uno de los brazos de la cruz y tierra y agua en el otro: en un de polaridad activa (+) y en otro pasiva (-).

El fuego, el temperamento colérico, es fundamentalmente extravertido, muy espontáneo y subjetivo. Exterioriza las cosas de una manera muy personal y comprometida, comprende de forma intuitiva y reacciona de forma extraordinariamente rápida para aprovechar las oportunidades. Por eso, el colérico encuentra placer en tomar el control rápidamente sobre la situación y organizarla según su voluntad. Pero si no puede conseguirlo (especialmente si las personas participantes no reaccionan) pronto pierde la paciencia. No sólo es impaciente sino que además (tanto si lo muestra, como si no) se ofende rápidamente si alguien no se lo toma en serio (si sus «triunfos» no se valoran suficientemente). Busca situaciones de despliegue (ostentación) de fuerzas y de transformación de energía, y tiende preferentemente al pensamiento orientado al rendimiento (correspondiente a Marte). Con el suficiente autocontrol es un «troubleshooter» (arreglador) muy capaz, que «de un vistazo» comprende qué debe abordarse y rápidamente echa una mano para poner las cosas en marcha de nuevo (mentalidad de bombero)

El agua, el temperamento melancólico, también tiene capacidad de reacción y es subjetivo, sin embargo es fundamentalmente introvertido. Está orientado a la interiorización sensorial del entorno y en sus reacciones predominantemente personales quiere sentir como está hecha la vida de su alrededor. Un fuerte deseo de pertenencia en armonía (correspondiente a Venus) condiciona su rico mundo emocional, clasificado según simpatías y antipatías. La permanente búsqueda de afecto y el frecuente sufrimiento por antipatías rigen al melancólico en una a menudo forzada intensidad en los contactos humanos, los cuales clasifica en blanco y negro según unos criterios exactos. Correspondientemente, se ve a sí mismo como el especialista en relaciones humanas y en bienestar (lo cual en verdad puede llegar a ser con la suficiente introspección y autoclarificación). Entonces es especialmente adecuado como cuidador de enfermos, como «confesor» y, en el más amplio sentido de la palabra, como cuidador de almas.

El aire, el temperamento sanguíneo, es sistemático, objetivo y extravertido. Su curiosa conciencia está permanentemente orientada hacia el entorno, el cual, con su pensamiento, intenta comprender, definir y presentar mediante una argumentación lógica o dialéctica. Su pensamiento sistemático transcurre casi exclusivamente por caminos verbales (correspondientemente a Mercurio) (lo que no puede formular en palabras, parece que no le aporte nada). Se exige objetividad a sí mismo y también se la exige a los demás. Frecuentemente los demás lo ven como muy mental (kopflastig) puesto que no disimula que está convencido de que todos los problemas pueden resolverse con un pensamiento claro. Pero el hecho de que el sanguíneo, en el calor del combate verbal, frecuentemente base sus disertaciones lógicas en argumentos teóricos verbales, puede ocasionar que sus propuestas de solución estén muy lejos de una realidad factible. Sin embargo, (con suficiente autocrítica)puede convertirse en un maestro en el ámbito de la lógica, el empleo del lenguaje y el campo de los sistemas técnicos.

La tierra, el temperamento flemático, es también sistemático y objetivo, sin embargo, orientado hacia el interior, es decir, introvertido (y, como el agua, orientado a la interiorización sensorial del entorno). En este elemento, la percepción sensorial (correspondiente a Júpiter) juega el papel principal: el flemático vive en un mundo de sensaciones, las cuales(para no caer en sentimientos debilitadores) quiere objetivizar en gran medida. Se entiende a sí mismo como un observador y un pensador cercano a la realidad. A ser posible evita las fantasías y las ilusiones, por eso se lo describe como tipo realista. Dos cosas le dan qué hacer a menudo al flemático: en primer lugar su miramiento que puede revestirse de lentitud o pereza y, en segundo lugar, su permanente lucha por la palabra adecuada, de cuya validez definitiva tiene verdadero miedo. Además, su dependencia del juicio del entorno le hacen muy propenso a la crítica. Si puede superarlo, entonces, es muy apreciado en todas las ocasiones en las que se necesite un análisis cuidadoso, debido a su juicio cauteloso, ponderado y totalmente responsable, y se le requiere mucho como «especialista en sentido común».

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