Iniciación

Iniciación

Extracto del Astroglosario de Bruno Huber (traducción: Joan Solé, 2000-2007)

Del lat.: initium = inicio, comienzo; initiare = introducir, ser iniciado en un ritual, servicio divino oculto secreto.

La palabra iniciación está relacionada con la introducción en un área científica o con la exposición por primera vez a misterios secretos. En el pasado, los conocimientos esotéricos se mantenían en secreto y sólo se transmitían a discípulos que habían realizado un gran esfuerzo de formación y muchos ejercicios, que habían aceptado mortificaciones y que finalmente habían sido iniciados.

Ver > Esoterismo. En todas las escuelas de misterios de la antigüedad, antes de ser iniciado y tener acceso a los antiguos misterios el candidato tenía que superar duras pruebas y realizar un voto de silencio.

Las iniciaciones se realizaban siguiendo estrictos y solemnes rituales simbólicos secretos. Servían como criterio de admisión a un grupo de iniciados o maestros ocultos y de esta forma el novicio pasaba a formar parte de una escuela de misterios, una orden o una logia de hermanos.

En consecuencia, un iniciado era alguien que había pasado por la iniciación y había admitido en los misterios. En el fondo, la iniciación es una componente esencial del proceso natural de desarrollo y evolución del ser humano, en el sentido de una permanente expansión de la conciencia. Es, en suma, como un nacimiento a una nueva conciencia que mediante este proceso se convierte en un estado estabilizado.

En el camino de la expansión de conciencia hay varias fases, al final de cada una de las cuales se encuentra otra iniciación superior. Instancias esotéricas como la Teosofía (Blavatsky – ver foto), la Escuela Arcana(Bailey), la Hermandad de Rosacruces (Heindel), la antroposofía (Steiner) y otras más han descrito detalladamente y dado nombre (y número de secuencia) a las distintas leyes espirituales de las iniciaciones.

En la actualidad, la iniciación ya no consiste fundamentalmente en la transmisión de conocimientos secretos a través de rituales en asociaciones secretas. Consiste mucho más en la consecución de una ampliación de conciencia mediante el propio esfuerzo y con los medios elegidos por uno mismo. Ha llegado el momento de la autoiniciación. «Ser iniciado» estaba bien en la era de Piscis. El espíritu acuariano de la próxima era exige independencia, sobre todo en lo espiritual.

Una persona puede llegar a procesos de iniciación mediante el estudio de la «sabiduría eterna», la pertenencia a un grupo esotérico, la abrupta e independiente liberación de molestos hábitos, etc.

Muy a menudo, la persona «atraída» por metas espirituales dirige su vida hacia una dirección completamente distinta de la que había seguido hasta el momento y pasa por crisis de transformación e iniciación equivalentes a las temidas pruebas de iniciación del pasado.

Según Alice A. Bailey, ya no hay ceremonias de iniciación, sino procesos de iniciación que están relacionados con el trabajo de la persona espiritual en sí misma.

En la actualidad, las necesarias crisis de transformación ya no se celebran en templos, escuelas de misterios, ashrams o monasterios, sino en la vida cotidiana.

La astrología, como instrumento de autoconocimiento y autoexperimentación, puede ser de gran ayuda en este proceso. El familiarizarse a través de la astrología con los principios y reglas básicas del esoterismo facilita al pensamiento humano su entrada en niveles espirituales o planos de conciencia elevados.

Para los tres primeros niveles de iniciación, que tienen que ver con la integración de la triple personalidad, ofrece una gran ayuda en la transformación de los planetas de la personalidad (Sol, Luna y Saturno) en los tres planetas espirituales (Urano, Neptuno y Plutón).

En psicología astrológica, que se basa en el concepto espiritual de la psicosíntesis de Assagioli, las crisis de iniciación se convierten en procesos comprensibles y consecuentemente superables.

En psicología astrológica, la primera iniciación se entiende como la transformación del yo corporal (de Saturno a Urano), la segunda como la calma y la clarificación del yo emocional (de la Luna a Neptuno) y la tercera como la transformación del yo mental autónomo (del Sol a Plutón).

En estos procesos de iniciación, la triple personalidad integrada se subordina al alma y con ello a metas espirituales.

El «pequeño yo» se transforma en favor de motivaciones suprapersonales y globales, y poco a poco se hace cada vez más permeable a las energías espirituales. Para alcanzar esta meta, la persona trabaja conscientemente en sí misma, acepta las necesarias crisis de transformación y de esta manera, finalmente, se autoinicia.

Bibliografía:
Alice A. Bailey, Iniciación humana y solar, Ed. Sirio
Roberto Assagioli, Ser transpersonal. Ed. Gaia 1.993.

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