Esoterismo

Esoterismo

Extracto del Astroglosario de Bruno Huber (traducción: Joan Solé, 2000-2007)

  1990-1995 API Verlag (Adliswil/Zurich)

Esoterismo: doctrina secreta; esotérico: (sustantivo) persona iniciada en una doctrina secreta; (adjetivo) oculto, secreto, relativo al conocimiento de las causas y las interconexiones internas que estaba reservado sólo para los iniciados.

El pensamiento esotérico presupone la existencia de una capacidad de pensamiento abstracto que permite pensar en los principios para averiguar las energías y las sustancias causantes.

La meta de este pensamiento es averiguar el porqué, esto es, comprender el propósito original o el significado de los estados y procesos perceptibles sensorialmente. Es decir que, en cierto modo, el esoterismo podría describirse como una disciplina parecida a las matemáticas o la filosofía. Pero esto es sólo una verdad a medias, pues la conciencia esotérica se mueve siempre en el espacio religioso. No obstante, la religión no se entiende en este caso como una creencia sino como la experimentación del reino de Dios, una experiencia personal que la conciencia puede, después, integrar en la concepción personal del mundo.

El esotérico transforma esta concepción expandida del mundo en una forma de vida muy personal, cuyos criterios de valoración ya no están determinados por los dogmas ni por los convencimientos políticos y económicos de un determinado período pero que, no obstante, tienen que servir para dar un nuevo impulso a este mismo mundo.

El auténtico esotérico se distingue porque vive de acuerdo con lo que sabe o cree (y porque manifiesta su conocimiento de forma creativa en su entorno).

El esoterismo, al igual que la astrología (originariamente eran una misma cosa), proviene de los orígenes de la cultura humana. En todas las culturas y religiones ha habido y hay esoterismo. No obstante, suele abarcar sólo a una minoría de personas en cada cultura (digamos un grupo de personas de élite que conocen las interconexiones internas de todos los acontecimientos externos) que no obstante, como demuestra la historia, han sido unos importantes impulsores de las culturas y la historia. En las antiguas culturas eran los sumos sacerdotes iniciados en las escuelas de los templos, los hierofantes que guiaban a los neófitos y a los discípulos a través de los niveles de iniciación. En el período greco romano existieron órdenes secretas como los gnósticos, los esenios y los seguidores del culto a Mitras. También fueron esotéricos importantes los discípulos de Cristo y los evangelistas. En la Edad Media, los verdaderos secretos esotéricos estaban en las escuelas de constructores de catedrales (a las que se acogieron los masones). En todos los edificios sagrados de la Edad Media pueden observarse símbolos sagrados.

Tres ejemplos de emblemas de sociedades secretas: Orden del Grial, Teósofos Alemanes y Sociedad Rosacruz (Heindel).

Al principio de la época moderna (principios del renacimiento), las órdenes
secretas que en su mayoría se encontraban fuera del marco eclesiástico o estaban en su contra adoptaron el papel de «guardianas de los grandes secretos». Personalidades como Dante Alighieri, Petrarca, Giotto y otros verdaderos precursores del renacimiento fueron miembros o fundadores de cultos neopaganos. También son muy conocidos los alquimistas que trabajaban por una parte en solitario y por otra organizados en logias, y que buscaban la «piedra filosofal» (no oro).

Con el inicio de la ilustración, finalmente se formaron una gran cantidad de logias y órdenes esotéricas como los rosacruces, los masones, los iluminados, etc. que por su parte fueron lugares de reunión de personalidades destacadas en los ámbitos espiritual, cultural y político-económico.

Por último, a finales del siglo XIX, entró en escena la teosofía, que anunció el final de los círculos cerrados y propagó el esoterismo de forma abierta para todos mediante la publicación de libros que cualquiera podía comprar (Isis sin velo, La doctrina secreta, etc.). Pero todavía no se pudo renunciar a un círculo interno (SE: sección esotérica) al que se era llamado por calificaciones esotéricas. Este comportamiento elitista se adhirió también a todas las organizaciones siguientes como varias órdenes rosacruces, la antroposofía, la Escuela Arcana, etc. Sólo cambiaba la metódica, con medios cada vez más sutiles. Al ser humano actual ya no se le puede exigir la «absoluta obediencia» del pasado ni el férreo deber de «guardar el secreto» ante los no pertenecientes a la orden. Hasta la segunda guerra mundial, la autoridad de estas corporaciones todavía pudo mantenerse mediante el silencioso otorgamiento de un estatus espiritual elitista a sus miembros, pero en las últimas décadas, el público interesado ha empujado a este resto de pretensiones de autoridad espiritual hasta el borde del área de la búsqueda esotérica.

Hoy, el antiguo proceso de «iniciación por un hierofante», que iniciaba a un discípulo tras la superación de una serie de procesos de aprendizaje, ejercicios de meditación, mortificaciones y todo tipo de procedimientos de disciplina, está totalmente anticuado y ya no tiene sentido. En la actualidad, los interesados en el esoterismo deben trabajar por sí mismos en medio de la «jungla de instrucciones esotéricas» que abundan en el mercado, para llegar a su propia esencia interior y a la iluminación. El principio básico del futuro está formulado de forma muy clara en el concepto siguiente: «Autoiniciación».

Desde la antigua Roma, hay también constancia del abundante mal uso de la práctica del esoterismo. En un ámbito no controlado por la iglesia ni por el estado, o no prescrito por los cánones ni las leyes, siempre pueden proliferar los charlatanes que pueden aprovecharse de la buena fe y el desconocimiento de los legos en la materia para obtener poder, fama o riqueza. A este grupo no pertenecen sólo los «caldeos» que en la Roma de los césares funcionaban como «hacedores de reyes» o los «alquimistas» que seducían a los reyes con sus prácticas para conseguir oro u otras «maravillas», o astrólogos que convirtieron a los Richelieu y Mazarin en regentes secretos de sus reyes. No, también forman parte de este grupo la multitud de autoridades aparentes que en nuestros días inundan el mercado de libros esotéricos con sucedáneos ocultistas, o la gran mayoría de los autodenominados «gurús» que con el viejo modelo de la obediencia han llevado a muchos a la ruina. Hoy en día nos es muy difícil, por ejemplo, aceptar que debemos estar siete días en el desierto en ayunas o bien que hay que dejarse enterrar vivo durante tres días para alcanzar la iluminación porque alguien lo ha ordenado desde arriba). Cabe
preguntarse: ¿Es más fácil encontrar las pocas perlas espirituales verdaderas en el actual océano de literatura pseudoesotérica?

Un alto porcentaje de lo que hoy se vende bajo el concepto de esoterismo no tiene nada que ver, en realidad, con el esoterismo. Cuando un zahorí detecta irradiaciones perturbadoras, actúa como un sensitivo de lo material que percibe la realidad física mejor que los aparatos hoy conocidos por la ciencia. Y cuando una persona atraviesa las brasas del fuego sin quemarse las plantas de los pies, lo que hace es que con su voluntad eleva las fuerzas de resistencia de su cuerpo hasta un punto muy superior a lo que hemos aprendido que es posible. Estas y muchas otras capacidades de este tipo son los llamados fenómenos ocultos, como la clarividencia, la telepatía, la telequinesia, la curación espiritual y otras formas de sensitividad «sutil», o la denominada influencia mágica de materia viva o muerta. El ocultista dirige sus conocimientos hacia la percepción de la naturaleza de los estados físicos o hacia la influencia de estos estados. Las fuerzas que actúan son de naturaleza «sutil» (¡pero también materiales!).

Aunque disponga de capacidades ocultas, el verdadero esotérico no se ocupa de los fenómenos del mundo material, al que llama «el engañoso mundo de las formas». Le interesan única y exclusivamente los principios causantes, que ocasionan la multiplicidad del mundo perceptible sensorialmente.

Sólo esos principios le pueden esclarecer el sentido de los fenómenos materiales.

El esoterismo también tiene su credo, puesto que también es una religión. Frecuentemente es descrito por los esotéricos como la «sabiduría eterna». Esto quiere decir que este conocimiento es tan antiguo como la cultura humana y que está contenido en todas las religiones del mundo en la misma medida (es decir, tiene validez universal). El credo consiste solo en unos pocos puntos que se conocen como leyes cósmicas:

1. La ley del desarrollo. Según esta ley, todo lo existente en el cosmos se encuentra en un estadio individual de desarrollo, sea de evolución o de involución.

2. La ley del amor. Dice que el cosmos es un gran ser y que todos los seres vivos de orden similar están unidos de manera inseparable entre sí y con la Gran Vida. Por eso, para el esotérico, el único pecado es la separación (el aislamiento de la conciencia).

3. La ley de economía. Según esto, ni la energía, ni la sustancia ni la
conciencia se pierden. La ley se ocupa de que todas las formas vivas se desarrollen hacia una mayor eficiencia y rendimiento, y anula todos los intentos inútiles o derrochadores.

4. La ley de la creación. Según esta ley, toda creación o criatura se basa en el principio de la trinidad. Esta ley conoce dos versiones: la forma de involución o de encarnación, PENSAMIENTO-ENERGÍA-FORMA, a través de la cual todo se crea y la forma de evolución o experiencia FUERZA-SUSTANCIAENTENDIMIENTO, a través de la que la conciencia se libera de la forma.

5. La ley de la jerarquía. Dice que la totalidad de la vida cósmica comprende siete planos o niveles. Se trata de planos de sustancia que es progresivamente más densa (menos refinada) cuanto más bajo es el nivel o de planos de energía cuya vibración es más lenta (menor frecuencia) en los planos inferiores. También hay planos de conciencia, mediante los cuales, por ejemplo, el conocimiento humano se desarrolla hacia arriba(aspiración hacia la luz, iluminación). Cada plano posibilita el manejo, la regulación y el control de los planos inferiores (y, a la vez, cada plano está sujeto al control de los planos superiores).

6. La ley de la reencarnación. Dice que todo ser viviente pasa por una larga serie de reencarnaciones. Es esencialmente un proceso de aprendizaje basado en las múltiples experiencias de las distintas vidas que conduce a la expansión de la conciencia.

7. La ley del orden. Según esta ley, el siete y el doce organizan el marco de funcionamiento. Aquí se combinan los tres principios básicos o rayos(en la astrología los conocemos como las tres cruces) con los cuatro principios de doble polaridad que, por ejemplo, en astrología denominamos los cuatro elementos ( 3 + 4 = 7, 3 x 4 = 12).

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