Astrología griega

Astrología griega

Extracto del Astroglosario de Bruno Huber (traducción: Joan Solé, 2000-2008)

En contra del concepto ampliamente difundido en el mundo astrológico de que la astrología proviene de la antigua Grecia, hoy está claramente demostrado que los griegos obtuvieron poco a poco los conocimientos sobre esta disciplina espiritual gracias a la influencia de inmigrantes caldeos, a partir del siglo V a.C.

De la misma manera, el primer horóscopo individual que se conoce no es el de origen griego del año 61 a.C., como durante mucho tiempo se había aceptado, sino un horóscopo babilónico del año 410 a.C.

Las primeras fases de la cultura griega hasta la época de Alejandro Magno (aprox. 330 a.C.) produjeron una visión espiritual propia e independiente. 

Este concepto del mundo estaba influenciado por la mitología politeísta, por amplias y auténticas filosofías holísticas y por una creciente forma de pensar científico-racional, que anticipó muchos de los conocimientos del moderno concepto científico del mundo.

Pitágoras 550 a.C.) veía el universo como una gigantesca construcción matemática de relaciones numéricas que también encontraba reflejo en la música (escalas de tonos).

Fue él quien creó el concepto de acrocosmos y microcosmos. Este concepto, según el cual las proporciones del gigantesco universo se repiten en el mundo terrestre y humano, también fue aceptado y propagado cien años después por Platón. Y, posteriormente, se trasladó a la astrología como argumento de primer orden constantemente citado en forma de principio hermético: «Como es arriba, es abajo». No obstante, no se ha podido demostrar que Pitágoras y sus contemporáneos tuvieran conocimientos astrológicos. 

Hipócrates

Empédocles, alumno de Pitágoras formuló la teoría de los elementos y los humores (temperamentos) y, después, Hipócrates (460-377 a.C.), bajo la salvaguarda de su modelo de los esculapios, lo aplicó conjuntamente con el concepto de micro y macro cosmos, en su método médico.

Según los conocimientos históricos actuales, Hipócrates fue el primer griego que utilizó las posiciones de los planetas en el momento de nacimiento en su método curativo, al tiempo q ue también averiguaba y trataba el estado espiritual-anímico del paciente con ejercicios espirituales y con trabajo psicológico (interpretación de sueños).

Desde el punto de vista astrológico Hipócrates fue un precursor de ese tiempo que «gota a gota» fue teniendo en cuenta el impulso astrológico proviniente del mundo caldeo-babilónico. La gran «oleada caldea» no llegó a Grecia hasta unos siglos después. 

Destacados pensadores desarrollaron entretanto importantes conocimientos astronómicos (al parecer, independientemente del saber astrológico).

Por ejemplo, Heráclito (siglo IV a.C.) afirmó que la Tierra se movía en el espacio. Eratóstenes, en el siglo III a.C., calculó de forma casi exacta el perímetro de la esfera terrestre, y su contemporáneo Aristarco de Samos realizó una estimación del tamaño de la Luna y midió su distancia a la Tierra. Además, determinó que el Sol era el centro del cosmos (concepto heliocéntrico del mundo) y calculó que las etrellas fijas tenían que estar infinitamente alejadas. Por último, Hiparco de Rodas demostró el movimiento del punto vernal. Esto ya había sido descubierto por los sumerios 2.000 años antes, no obstante, durante siglos este conocimento permaneció perdido para sus sucesores, los babilonios. 

De todos estos famosos hombres citados, el único del que puede afirmarse con seguridad que conocía el pensamiento astrológico era Erastóstenes. No obstante, puede aceptarse como cierto el hecho de que el conocimiento babilónico que se estaba infiltrando lentamente también inspiró a los demás.

Para los sacerdotes caldeos, los planetas eran formas divinas. De este modo, debido al creciente número de informes del espacio caldeo-babilónico, poco a poco, se fue produciendo un cambio en las mentes de la élite espiritual griega, en cuanto a la opinión respecto de los planetas y las constelaciones del cielo.

Alejandro Magno

Pero el acceso completo del mundo helénico a los conocimientos babilónicos no se produjo hasta que Alejandro Magno (Alejandro el Grande) obtuvo sus victorias en el este.

En el 300 a.C. se inició una verdadera «invasión» de

caldeos que emigraban del imperio babilónico en proceso de desintegración. La figura más conocida fue la de Beroso, que en el 280 a.C. fundó una auténtica escuela de astrología en la isla de Cos.

Muy pronto, alumnos suyos se establecieron de manera creciente en otras ciudades griegas como «caldeos» (astrólogos). Esto desencadenó una onda de popularización de la astrología, proceso que se vio promovido esencialmente por el crecimiento de la filosofía estoica.

Poseidonio, el estoico (135-51 a.C.), promulgó con mucho éxito su filosofía fatalista (creencia en el destino) que sostiene que todo lo que sucede es destino debido a la voluntad divina. Esto le proporcionó, no sólo muchos oyentes, sino también alumnos famosos (entre otros, el romano Cicerón) y también le otorgó mucha admiración después de su muerte.

Por ejemplo, Manilio, el poeta romano (ca. 40 a.C -20 d.C.) escribió el Astronomicon, texto de poesía didáctica con reglas de interpretación totalmente fatalistas que influyó en muchas generaciones de astrólogos. 

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